Mostrando entradas con la etiqueta universidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta universidad. Mostrar todas las entradas

jueves, 1 de febrero de 2018

La Revista Justicia y la “edad de oro” de la Facultad de Derecho del Cusco

  Pável H. Valer Bellota
Portada de la Revista "Justicia" 2018
La “edad de oro” de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de San Antonio Abad del Cusco, entre los años 1955 y 1970, se caracterizó por la ebullición intelectual, la vinculación de docentes y estudiantes con las demandas de los sectores sociales subalternos, y la creación de un colectivo de intelectuales orgánicos populares. El ímpetu de este tiempo se plasma en la publicación de diversos libros, investigaciones y, en especial, de la Revista de la Facultad. 

Aquellos años, esos intelectuales advierten la necesidad de una renovación universitaria substancial más acorde a los tiempos de cambio de las estructuras sociales del Perú, y llegan al convencimiento de que la sociedad regional necesitaba un nuevo tipo de Facultad, en la que junto con la extensión universitaria, se realizara una decidida investigación de “la realidad socio-jurídica nacional y la formación de un derecho destinado a promover la transformación de la sociedad peruana y conseguir que se realicen los postulados de la democracia en los planos económico, político y cultural”.[1] El destacado docente y ex decano Cesar A. Muñiz Rodriguez escribe que la Facultad de Derecho no puede“desentenderse de las múltiples exigencias de un mundo nuevo”, sino que “debe contribuir a la creación y al imperio de un orden justo de vida, no pudiendo permanecer como simple espectadora de la vida nacional”, sino que debe ser su protagonista.[2]

Los estudiantes de entonces se sumaron a este proceso intelectual y político –de vinculación de las actividades universitarias con los procesos de emancipación y reforma social– entendiendo que en la relación con las necesidades de libertad de nuestros pueblos es más fecunda la investigación universitaria. Esta familiaridad de los estudiantes con las demandas populares del Cusco es una añeja costumbre de la Universidad Nacional de San Antonio Abad.
  
Portada de la Revista "Justicia" 1966
Productos de aquella noble tradición son las publicaciones de los estudiantes. La primera de la que se tiene noticia es “Justiciaórgano del Centro Federado de Estudiantes de la Facultad de Derecho (1966). Al parecer esta revista tuvo solo un número que puede ser clasificado dentro del grupo de publicaciones de la segunda etapa, es decir dentro de la "edad de oro". Combina de muy buena manera trabajos de investigación de los estudiantes con artículos de contenido socio-jurídico de profesores. Se puede destacar el artículo de Ferdinand Cuadros que hace una reflexión sobre “la ciencia jurídica al servicio del Perú como país en vía de desarrollo” en el que caracteriza al Derecho como parcial, anacrónico e injusto; describe cómo la ley es construida a favor de las clases o grupos gobernantes y en contra del indígena; detalla el permanente retraso de la norma legal en relación al avance de la sociedad –“no suele el Derecho avanzar al compás del avance de la vida”–, y refiere como generalmente se promulga en contra de los intereses de la sociedad; razones por las que hace un llamado a la creación de una nueva “ciencia y conciencia para la libertad” [3].
Un trabajo destacable, por su contenido de vanguardia en la edición de 1966, es “El problema sexual en las prisiones”, de la profesora Bertha Degregori, en el que clama por que los gobernantes “den a los encarcelados un trato de seres humanos”, que se solucionen, junto con la “ejecución de las penas, las prisiones, la arquitectura de éstas, la educación, el trabajo”, los problemas sexuales. Desde un punto de vista freudiano propone estudiar la criminalidad femenina y el comportamiento sexual en las cárceles para proteger la estabilidad del recluso y de su familia y, en especial, proteger a la sociedad[4].  
También contiene artículos de antropología jurídica. Uno de ellos es el de Jorge Flores Ochoa –entonces un novel profesor de la Facultad de Derecho– que diseña una guía para realizar estudios etnográficos del proceso judicial desde una visión que rompe con el positivismo normativista, con categorías propias de la antropología cultural[5]. Otro artículo con esta temática es el de Rodolfo Sánchez Garrafa: “Antropología, una perspectiva en la ciencia del Derecho”[6]. También es de resaltar el trabajo de Pedro Chalco Vizcarra que propone poner fin al dominio privado de las aguas que favorece su uso prioritario por los grandes terratenientes[7].
La Revista Justicia, en los próximos días, recomenzando sus ediciones, volverá a ser publicada. Esta noticia muestra que los estudiantes están cumpliendo su parte en la responsabilidad de erigir una universidad de calidad. No es difícil sorprenderse por la efervescencia de actividades que despliegan en la Facultad de Derecho de la UNSAAC. En pocas semanas, este semestre académico, han organizado con éxito debates sobre la crisis del Gobierno y el rol del Congreso de la República, la realidad multicultural, los derechos de los pueblos indígenas, la investigación jurídica. Los círculos de estudio e institutos constituidos por los estudiantes realizan reuniones cotidianas, convocando a concursos de ensayos para su publicación y simulaciones de defensa de derechos fundamentales en instancias internacionales, y hasta un simpático taller de guitarra reúne asistentes todas las semanas. Política, investigación jurídica, ímpetu editor, arte. Algo sucede en la Facultad, el río se está moviendo, y va a crecer.
   







[1] CUADROS VILLENA, F. (1964); “La investigación de la realidad socio-jurídica, fin primordial de las Facultades de Derecho”, proyecto de resolución en la I Convención de las Facultades de Derecho del Perú; en Revista de la Facultad de Derecho, Nro. 2, Cusco. Pág. 58.
[2] MUÑIZ R., César A. (1964); “Fines de las Facultades de Derecho”¸ Revista de la Facultad de Derecho, Nro. 2, Cusco 1964. Págs. 5-16.
[3] CUADROS VILLENA, Carlos Ferdinand (1966,); “Ciencia jurídica al servicio del Perú como país en vía de desarrollo”; Justicia, Órgano del Centro Federado de Derecho; UNSAAC, Cusco, págs. 3-28.
[4] DEGREGORI de NIETO, Bertha (1966). “El Problema sexual en las prisiones” Justicia, Órgano del Centro Federado de Derecho; UNSAAC, Cusco, págs. 28-54.
[5] FLORES OCHOA, Jorge (1966). “Bases para investigar procesos judiciales”; Justicia, Órgano del Centro Federado de Derecho; UNSAAC, Cusco, págs. 74-86.
[6] SÁNCHEZ GARRAFA, Rodolfo (1966); “Antropología, una perspectiva en la ciencia del Derecho”; Justicia, Órgano del Centro Federado de Derecho; UNSAAC, Cusco, págs. 92-100.
[7] CHALCO VIZCARRA, Pedro (1966); “La subsistencia del dominio privado sobre las aguas en el Perú”; Justicia, Órgano del Centro Federado de Derecho; UNSAAC, Cusco, 1966, págs. 87-91.

lunes, 7 de octubre de 2013

Albert A. Giesecke (1883–1968): La modernización indigenista de la Universidad

                                                                                                                Pável H. Valer Bellota
Giesecke (con sombrero blanco) en Cusco 1911
Foto: Archivo Alberto Giesecke
Había cumplido 27 años cuando llegó a Cusco, nombrado rector por el propio presidente de la República. Encargado de reabrir la Universidad Nacional de San Antonio Abad, recesada por el gobierno para aplacar a los estudiantes que se habían rebelado contra los métodos de enseñanza anquilosados, la compadrería como procedimiento de nominación de docentes, y habían propuesto participar directamente en su administración, Albert A. Giesecke, nacido en Filadelfia (USA), se hizo cargo del rectorado -y de esas propuestas insólitas- a finales de febrero de 1910.
Después de instruirse en la Universidad de Pennsylvania, había investigado en las Universidades de Londres, Berlín y Laussane, y obtenido el doctorado en economía en la Universidad de Cornell. Al llegar al centro del mundo quechua, hablaba inglés y alemán como idiomas maternos y era experto en latín, francés y castellano. En aquellas universidades fue alumno de afamados catedráticos de economía y ciencia política de la época, que lo habían interesado en estudios del comercio con América Latina. Venía influenciado por esas experiencias y, de manera especial, por el pragmatismo del filósofo norteamericano William James. 
El nombramiento de Albert A. Giesecke desató enconadas críticas políticas, hasta la medida que tuvo que sortear el pedido de interpelación del Ministro de Educación, por parte del Congreso de la República. Al parecer la ley universitaria de entonces exigía tener 30 años para ser rector. Finalmente, el jefe de gabinete renunció, pero por razones distintas a esa designación, y el asunto espinoso del gringo nombrado Rector en Cusco pasó a segundo plano.
El establishment cusqueño, incluidos los estudiantes, recibió al nuevo rector con recelo y cortapisas. Cinco semanas después de comenzar el rectorado, el Prefecto del Cusco cedió el local de la universidad para que sirviera de cuartel a la tropa reclutada por el ejército para hacer frente a una escaramuza con Ecuador. Era domingo 3 de abril cuando le fue notificado el mandato de desalojo. Albert A. Giesecke envió un telegrama al presidente Leguia quien, luego de media hora, derogó esa orden; había aceptado el rectorado con la condición de contar con el apoyo incondicional del gobierno. La rapidez en la solución del cierre militar de la universidad le ganó la fama de arreglar directamente asuntos de Estado con el Presidente Augusto B. Leguía, desde la humilde oficina del telégrafo provinciano.  
A partir de entonces fueron 14 años en los que administró la UNSAAC dando continuidad democrática y haciendo efectivas las reivindicaciones de la primera reforma universitaria de América (1909).  Burlando la oposición de la élite conservadora cusqueña, abrió sus puertas a toda persona que tuviera aptitudes para estudiar, logró que la universidad admitiera a las primeras mujeres con derecho a recibir todos los títulos y grados académicos. A diferencia de los aristocráticos rectores, Albert A. Giesecke fue muy cercano a los estudiantes: casi a diario, a las seis de la mañana, se le podía ver jugando partidos de futbol, tenis y básquet con ellos.
Envolvió a la universidad en un intenso proceso de modernización a la vez que recuperaba lo mejor de la tradición histórica original. Renovó la biblioteca, reformó los métodos de enseñanza e hizo más estricta la exigencia académica. Contrató como docentes a los mejores alumnos, atrajo a los valores más selectos del medio, sin condicionamientos pero con una orientación: que se estudiara el entorno, que se investigara el contexto social concreto que rodeaba a la facultad. Se hicieron frecuentes las excursiones académicas de investigación a las afueras del Cusco, la universidad escolástica fue dejada de lado, reorientando la mirada de los estudiantes más allá de únicamente los libros y las doctrinas teóricas.
Retrato Albert A. Giesecke ¿1910?
Foto: Archivo Alberto Giesecke
La apertura y la reorganización lograron que la universidad descubriera la realidad peruana: el indígena, el problema de la tierra, la identidad cultural, los planteamientos y el debate sobre la construcción de la nación surgieron como campos novedosísimos para la ciencia. Hizo el primer censo del Cusco, se comenzaron a estudiar los monumentos arqueológicos, el inka antiguo fue ligado con el indio contemporáneo. Desde estos nuevos descubrimientos surgieron los pensadores indigenistas metódicos, nacieron los “nuevos indios”, la llamada “generación de la sierra” que ejerció influencia intelectual durante varias décadas.
Las nuevas ideas se divulgaron a Perú y parte de América gracias a la Revista Universitaria que fundó y comenzó a publicar en 1912. Junto a ésta, Albert A. Giesecke hizo aportes trascendentales a la revalorización del patrimonio cultural prehispánico. Compró para la universidad la colección que Jose L. Caparó Muñiz había juntado en cincuenta años de investigaciones arqueológicas en toda la región y con ella fundó el Museo Arqueológico del Cusco, una muestra preciosa y única del gran nivel civilizatorio alcanzado, hoy llamado “Museo Inka”.    
En 1920, condujo personalmente desde Lima a los delegados que participaron del Primer Congreso de Estudiantes del Perú. Se encargó de organizar su alojamiento –albergó en su propia casa a los lideres–, y logro que el gobierno provea una subvención diaria para todos los asistentes durante las dos semanas que duró el evento. Jorge Basadre, el gran historiador, estuvo entre los delegados: “No olvido la sorpresa que me causó ver cómo Giesecke estaba cerca de los alumnos al extremo de practicar deporte al lado de ellos en contraste con el estiramiento de los catedráticos de Lima y constatar luego la modernización y la ampliación que efectuó en San Antonio Abad”[1]. El Rector de la Universidad del Cusco fue elegido presidente honorario del Congreso de Estudiantes por abrumadora mayoría.
En 1923, después de 14 años, decidió dejar el rectorado: la modernización indigenista había sido concluida con éxito. Sin embargo, fue casi imposible para Giesecke desligarse del Cusco. Se había casado con Esther Matto, una mujer vinculada a sus familias más prominentes, y tenido dos hijos que nacieron allí. Pero sobre todo había sido capturado por la magia, la multiculturalidad, el recuerdo y la promesa histórica de la Ciudad Puma. Llegó a ser su alcalde varias veces.  
Su curriculum como Rector de la universidad del Cusco era atractivo para todo intelectual, patronato o expedición que llegara al Perú a seguir la pista de los Inkas. Se le voceaba incluso como posible primer descubridor de Machupicchu, antes de Bingham, quien solamente habría seguido las instrucciones de Giesecke para llegar a la ciudad perdida[2].
En 1949, por ejemplo, acompañó a Axel Wenner Gren a cuya Fundación había recomendado investigar y recuperar de la maraña Wiñaywayna, Phuyupatamarqa y Sayacmarqa  –tres hermosas ciudadelas monumento inkas cercanas a Machupicchu. Gestionó que la Universidad del Cusco declarara al mecenas doctor honoris causa, por sus aportes a la arqueología, y consiguió que él, en agradecimiento, financiara la creación y el funcionamiento inicial del Departamento de Arqueología, contratando a John Howland Rowe como su primer director.  
Es poco el espacio para describir las actividades extrauniversitarias de Albert A. Giesecke. Convenció a un viejo investigador alemán de Lambayeque para que cediera su colección de 6 mil piezas de excelente calidad, y su propia casa, para fundar el acreditado Museo Brünning (1924).  Adquirió la colección de Victor Larco Herrera para instituir el Museo Nacional de Arqueología y Antropología (1924). Dirigió las primeras excavaciones arqueológicas en Pachacamaq y Cajamarquilla (Lima, 1938). Preparó y organizó la visita de investigación en Cusco de Arnold Joseph Toynbee –el encumbrado historiador de las civilizaciones (1950). Acompañó personalmente a Charlton Heston cuando filmó en Cusco “El secreto de los Incas” (1954). Promovió el turismo facilitando la llegada de los primeros aviones y publicando las inaugurales guías del Cusco.  Fue Director general de Educación del Perú, y agregado de la embajada de los Estados Unidos.
Pero sobre todo fue de esas personas que, teniendo la promesa de un futuro brillante en su lugar de origen, deja todo para descubrir, a miles de kilómetros, que tradición y modernidad pueden conjugarse bellísimamente, que se puede construir una Universidad que irradie al infinito nuestro conocimiento desde un pueblecito instalado en la enormidad los Andes. ¿Quién puede decir que el gringo Albert A. Giesecke, nacido en Filadelfia de padres alemanes en 1883, no es como Saturnino Willka, un ser oriundo, trascendental, que germinó nuevamente en el mismo ombligo quechua de nuestro mundo? Finalmente, uno reformó la Universidad y el otro lideró la reforma agraria.


NOTA:  Los detalles históricos y fotografías para este artículo fueron tomadas del libro:
RUBIO CORREA, Marcial A.; Albert Annthony Giesecke Parthymueller: “El más peruano de los norteamericanos”; Ed. Alberto Giesecke Matto, impresión Nova Print, Lima 2007.



[1] BASADRE, Jorge; La vida y la historia; Ed. Industrial Gráfica S.A, Lima 1981
[2] GADE, Daniel W.; “Albert A. Giesecke (1883–1968) A Philadelphian in the Land of the Incas”;  Expedition;Vol. 48 Nº 3, University of Pennsylvania Museum of Archaeology and Anthropology; Winter 2006.  Disponible en: http://www.penn.museum/documents/publications/expedition/PDFs/48-3/Gade.pdf  [accesado 6/10/2013]